Líbano Unplugged
Una mirada musulmana de opresión, un sombrío rostro y un turbante antiguo de tela color sepia formaban la brutal imagen del hombre, que parecía haber sido uno de esos jóvenes de espíritu inquieto, de largas caminatas por el desierto, pero ya opacado por el paso de los años.
Caminaba por uno de esos típicos mercados árabes, esos de los cuales salir sin comprar alguna baratija totalmente inútil es de las cosas más difíciles de lograr para los extrangeros.
Caminaba por las calles de tierra, el polvo se levantaba formando pequeñas nubes tras el pasaje de los carros, los camellos descansaban y engrosaban sus jorobas para la próxima expedición; una flauta dulce encantaba mas a la gente que a las serpientes en un cesto sumiendo todo en un trance surreal.
Caminaba por este mundo seco, de mujeres míticas de dromedarios y tesoros ocultos, de noches frías al claro de luna, de arenas blanca que esconden las huellas de grandes historias, de culturas milenarias y de aventuras fantásticas accesibles a cualquier persona con un poco de inquietud, y él sabíamos que la tenia.
Caminaba cuando de repente... se tropezó.
Game Over.

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