jueves, diciembre 09, 2004

Buscando mi armónico

Tal vez se asemeje a la historia de Nasrudim, quien aquella tarde de verano, cuando habiendo llegado a la case de té, bebió el suyo amargo con el terrón de azúcar entre los dientes. El jilguero trinaba, los niños jugaban, las mujeres revoloteando para no pasar por indiscretas y Massud, el dueño de casa, atendiendo a los distintos parroquianos. Nasrudim de repente, extrajo de entre sus ropas la cítara, se sentó en la alfombra y empezó a tocar.
Todos se quedaron maravillados de los talentos ocultos del mulá. Zing...zing.. la misma cuerda y la misma nota. Al cabo de un par de minutos Massud increpa a Nasrudim y le dice: “Mulá, la cítara tiene otras cuerdas y se pueden tocar otras notas ¿por qué no cambias?” “Sé que otros con sus dedos saltan de arriba a abajo por las cuerdas, buscan otras notas. Otras posibilidades. En cambio yo he encontrado mi nota. Estoy perfeccionando esta nota exacta, que es la correcta para mí. ¡Soy un especialista!”
Y así continuó, mientras cada uno volvió a lo suyo: el jilguero a trinar, los niños a jugar, las mujeres a revolotear, los hombres a beber té y hablar del precio del trigo y Massud a atender a sus clientes.